
La soja o soya (Glycine max) es una especie de la familia de las papilieonáceas o leguminosas, y ha sido tradicionalmente cultivada en los países de oriente por la calidad del aceite en sus semillas y por el alto contenido de proteínas. Las semillas de soya y los alimentos producidos a partir de ella se han utilizado generalmente en la alimentación humana y ganadería. Son comercializados en todo el mundo debido a sus múltiples usos. Dado el contenido de proteína (40 % en relación a peso seco) sus derivados se consumen en substitución de los productos cárnicos dado que su proteína es de muy buena calidad.
Los adultos necesitan ingerir a través de la alimentación 8 aminoácidos (los niños 9) de los 20 necesarios para producir las proteínas necesarias para el normal desarrollo. Antiguamente se creía que las proteínas completas, es decir aquellas con la presencia de todos los aminoácidos esenciales sólo se encontraban en los alimentos de origen animal, sin embargo actualmente se conoce que todos los aminoácidos esenciales y en concentraciones superiores a la proteína de referencia también están en pocos alimentos vegetales como por ejemplo la soya. Sin embargo, el interés por la soya además proviene de otros componentes bioactivos y del impacto que podrían tener para la salud humana. De entre los compuestos fenólicos, las isoflavonas parecen ser especialmente relevantes dado los estudios epidemiológicos de poblaciones orientales donde la soya es parte fundamental de la alimentación. Estas poblaciones se caracterizan por tener baja incidencia de cáncer mamario, trastornos asociados a menopausia y enfermedades cardiovasculares.
Con relación a la prevención de enfermedades cardiovasculares el interés central de las investigaciones se ha focalizado principalmente en determinar sus efectos sobre las lipoproteínas de la sangre (tipos de colesterol en la sangre como son el LDL (colesterol malo), HDL (colesterol bueno), etc.).
En diversos países, incluido Chile, se ha autorizado el uso de un “mensaje saludable” relativo a que el consumo de proteína de soya tiene efectos beneficiosos sobre las enfermedades del corazón. La decisión fue tomada en el año 1999 por la Agencia que controla los alimentos y las drogas en los EEUU (FDA), y estuvo basada principalmente en el meta-análisis publicado por el Dr. Anderson y col. en donde se analizaba los efectos de la soya sobre las concentraciones de colesterol sanguíneo.
En Chile se permite destacar el siguiente mensaje saludable en el rótulo de los alimentos a base de soya: “Entre otros factores, dietas con bajo aporte en grasas saturadas y colesterol que incluyan un mínimo de 25 g de proteína de soya al día pueden reducir el riesgo de enfermedad cardiovascular” siempre y cuando el alimento cumpla con ciertos requisitos de aporte nutricional como son: que el alimento contenga como mínimo 12,5 g de proteína de soya por porción de consumo; que sea bajo en grasas saturadas, colesterol y grasa total, excepto para los alimentos que contienen poroto de soya entero, siempre que no tengan adición de otras fuentes de grasa.
Sin embargo, revisiones sistemáticas mas recientes que incluyen estudios muy rigurosos, replantean el efecto mencionado haciendo surgir la hipótesis que los principales efectos cardioprotectores de la ingesta de soya podría ser no sólo por el perfil de aminoácidos, sino también por otros componentes presentes en ella y mecanismos independientes de las lipoproteínas.
La atención se ha centrado en los efectos potenciales de las isoflavonas sobre la función de los vasos sanguíneos y la coagulación, por mecanismos antiinflamatorios y antioxidantes. Parte importante de la controversia que hay relativa a la acción de la soya-isoflavonas sobre las enfermedades cardiovasculares se debe principalmente por estudiar sus efectos en forma aguda, por períodos cortos de tiempo y muchas veces como suplementos nutricionales. Por los antecedentes de los países asíaticos y los diversos estudios clínicos, los efectos saludables de la ingesta de alimentos de soja hay que considerarlos dentro de un contexto de una alimentación y estilo de vida saludable; y no como una suplementación ejercida en momentos del desarrollo en que los sucesos nocivos a las estructuras cardiovasculares han comenzado.
Fuente: Dr. Luis Valladares I.N.T.A.



















